En el depósito de cadáveres se apilan cadáveres de policías junto a los de pistoleros, todos envueltos por bolsas blancas con cierres
En el depósito de cadáveres se apilan cadáveres de policías junto a los de pistoleros, todos envueltos por bolsas blancas con cierres
Reportero:
03-10-2009
Por JULIE WATSON AP
CIUDAD JUAREZ, México (AP) _ La muerte congeló su expresión de miedo. Los atacantes cortaron o perforaron cada rincón de su cuerpo. Le cortaron la cabeza, la envolvieron en una bolsa plástica de una tienda y la tiraron junto con el resto de su cuerpo entre dos camiones con remolque en una calle de la ciudad.
A pocos centÃmetros está su cabeza. La boca y los ojos parecen estar pidiendo piedad.
Como sucede casi siempre en Ciudad Juárez, la policÃa no encontró testigos ni armas. Sólo el cuerpo maltratado que yace en la camilla de metal de la oficina de la médico forense puede dar pistas acerca de quién era y cómo murió.
``Cada órgano habla'', dice la doctora MarÃa Concepción Molina, mientras su asistente le abre el pecho a la vÃctima y se dispone a extraer la caja torácica.
Los cadáveres guardados en las morgues de las ciudades fronterizas de México son evidencia del espiral de violencia derivado de la guerra contra el narcotráfico. Esa violencia cobró 6.290 vidas en 2008, el doble que el año previo, y ya lleva más de 1.000 en lo que va de 2009.
Cada herida de bala y cada hueso quebrado ofrecen detalles de la ferocidad con que los carteles de la droga combaten el gobierno y pelean entre sÃ. En el depósito de cadáveres se apilan cadáveres de policÃas junto a los de pistoleros, todos envueltos por bolsas blancas con cierres.
El personal trabaja 12 horas diarias, a veces los siete dÃas de la semana, para examinar los cadáveres. Cuando las casas que fabrican féretros en Tijuana se retrasaron durante las fiestas de
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